No hay nada de injusto en la muerte
Aunque el titulo de esta entrada pueda parecer un poco escandaloso, y hasta quizás una declaración de intenciones, no hay mucho de qué preocuparse. No tiene sentido andar preocupándonos por las cosas que no podemos cambiar, se podría resumir como lo que voy a describir aquí debajo.
Hace un par de días falleció un allegado a mi familia. Como de costumbre cada vez que alguien deja nuestro plano, lo primero que hacemos todos es cavilar acerca de la muerte. Mi viejo me hablaba de lo injusta que puede ser la vida, que se trataba de una persona intachable y que no merecía tan trágico final. Yo discrepé.
Cuando estás en contacto a diario con la muerte es fundamental que asumas pronto que la muerte es parte fundamental de la vida. Cuando ves algunas de las cosas que todos los días vemos los que intentamos prolongar la vida, descubres que la muerte no es ni de lejos lo peor que le puede suceder a una persona.
Así pues, procedí a explicarle a mi viejo cómo es que no hay nada de injusto en la muerte: cuando mueres, el único al que probablemente no habrá de importarle es a ti. Sí, la muerte puede parecer algo injusto para aquellos que amaban a la persona que se va, pero para el que muere, no importa si llevó una vida intachable o fue la peor de las personas, la muerte nos pone a todos en la misma condición.
No importa si has sido un gran genocida o si dedicaste tu vida al más puro altruismo, en la muerte todos somos iguales. No hay nada más justo que la muerte. Es por eso que nunca he comprendido cómo aquellos que sienten un odio patológico por otras personas les desean la muerte, en la muerte no hay dolor ni sufrimiento.
La vida es terriblemente injusta, sí. La muerte... es la única demostración de que no importa qué. al final todos somos iguales.

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